Amor a cuatro letras y patas: Nilo

Hay tantas formas de amor como oportunidades en la vida para sentirlas.

El amor a los padres y hermanos. El primer amor que nos consume pensando que será el único. El amor a los amigos. El verdadero amor a un hombre o mujer que nos complementa. El amor a los hijos que es inmenso e incondicional. El amor a los sobrinos que es inexplicable y seguramente a los nietos debe ser el doble que a todos los anteriores.

Gracias a Dios he sentido en mi vida todos estos amores (menos a los nietos por ahora) y eso ha llenado mi corazón de plenitud.

Hace unos años llegó a mi vida el amor más extraño, fuerte, incondicional y tierno que haya sentido y recibido de ser alguno: el amor de cuatro patas.

Adopté un gatito negro que nadie quiso llevarse de la camada por aquella absurda creencia que dan mala suerte. Nos vimos y fue amor a primera vista. Después de muchos años de haber tenido a mi hijo volví a preocuparme por que un bebé comiera, a trasnocharme por su llanto y a correr a urgencias.

Antes, criticaba a las personas que le hablaban a sus mascotas como bebés y los trataban como hijos. Aún no me gusta que les compren ropa o zapatos…. pero ahora los entiendo … y soy uno de ellos.

Nilo y yo tenemos conversaciones diarias donde le cuento mi día y mis preocupaciones. Me ha visto llorar y me ha acariciado con sus patitas. Ha estado a mi lado cuando enfermo y ha maullado sin cesar cuando llego a casa después del trabajo o de un viaje para que le dedique tiempo.

Me ama a su manera y yo estoy loca por él. Yo le dí un hogar y él me ha dado compañía, amor y felicidad.

Feliz dia internacional del gato.