TODOS SOMOS MIGRANTES / WE ARE ALL MIGRANTS

Hola a todos.

Mi país lleva un tiempo recibiendo personas de Venezuela que huyen de la difícil situación que ese país atraviesa. Algunos traen suficientes recursos para iniciar nuevamente, otros van de paso hacia otros países del cono sur y otros no tienen ni para el diario. Éste último grupo toca nuestras fibras más sensibles porque generalmente están con niños y requieren nuestra ayuda.

Me han hecho pensar lo difícil que debe ser salir del país de un momento a otro con lo poco que se pueda y empezar en otro país donde no tenemos nada seguro y hasta empiezan a rechazarnos por considerarnos un problema. Y pensando en ello, me di cuenta que todos somos migrantes de una u otra manera, o tenemos un familiar que lo ha sido.

Revisando en mi historia familiar, mi papá salió de su ciudad natal para estudiar y trabajar y llegó a un pueblo de Córdoba donde conoció a mi mamá. Se casaron y migraron a Montería donde se asentaron. Yo nací y crecí allí con mis hermanas y luego decidí migrar a la capital de Colombia para estudiar y trabajar. Y para quienes creen que la incomodidad y el rechazo sólo lo reciben los extranjeros, no saben lo que es llegar a esta ciudad apretada y llena de personas de todo el país tratando de hacerse un espacio. A veces tampoco te sientes bienvenido, eres criticado por tu forma de hablar y vestir, y hasta pueden decirte que vienes a usurpar las oportunidades de quienes nacieron aquí.

Pero no sólo se migra de ciudades pequeñas a grandes metrópolis. Mi hijo, quien nació en Bogotá, migró a estudiar en Montería y prefiere la tranquilidad de una ciudad pequeña. Mi hermana y su familia, que migraron primero de Montería a Bogotá, ahora prefieren irse a vivir a Medellín y tratar de tener lo bueno de ambos mundos para criar a su hijo. Y así hay muchos casos de familiares y amigos que han ido y vuelto. De historias sobre cómo un día en nuestra vida decidimos irnos con todas las ilusiones metidas en una maleta o en un camión de mudanza.

Concluí que todos somos migrantes, o lo seremos. A veces por decisión, a veces por necesidad; a veces es un momento feliz, y otras un triste remezón. Sea como fuere, quien migra deja el mundo que conoce por uno nuevo que asusta, y por ello necesitan nuestra compasión y apoyo, no rechazo.

Las fotos de este post fueron tomadas en una soleada Bogotá: La ciudad que me recibió con los brazos abiertos, con mi pequeña maleta y un poco de miedo, un soleado 15 de enero hace 24 años.

Gracias por leer y espero que sus migraciones sean siempre de felicidad y crecimiento.

Nos vemos pronto.

***

Hello everyone.

My country has been receiving people from Venezuela for a while. Some of them bring enough resources to start over, others are passing on to the southern countries, and another has not enough resources for the day. This group touches our most sensitive fibers because they are usually with children and require our help.

They have made me think how difficult it must be to leave the country and start in another country, where we have nothing safe and feel people are rejecting us as a problem. And thinking about it, I realized that we are all migrants in one way or another, or we have a family member who has been.

Reviewing my family history, my dad left his hometown to study and work and arrived in a little town in Cordoba where he met my mom. They married and migrated to Monteria where they settled. I was born and raised there with my sisters, and then decided to migrate to Bogota in order to study and work. And for those who believe that discomfort and rejection are only received by foreigners, they do not know what it is to reach this tight city, full of people from all over the country trying to make a space. Sometimes you do not feel welcome, you are criticized for the way you speak and dress, and they even tell you that you come to usurp the opportunities of those who were born here.

But it is not just migrating from small towns to big metropolises. My son, who was born in Bogotá, has migrated to study in Monteria and prefers the tranquility of a small city. My sister and her family, who migrated first from Monteria to Bogota, now prefer to move to Medellin and try to have the good of both worlds to raise their child. And so, there are many cases of family and friends. Stories about how one day in our lives, we decided to leave with all the illusions stuffed in a suitcase or in a moving truck.

I concluded that we are all migrants, or we will be. Sometimes by decision, sometimes by force; sometimes it is a happy moment, and sometimes a sad decision. Be that as it may, the migrants leave the world they know for a new one that is frightening, and for that reason, they need our compassion and support, not rejection.

The photos of this post were taken in a sunny Bogota: The city that welcomed me with open arms, with my little suitcase and a little fear, a sunny January 15th, 24 years ago.

Thank you for reading and I hope that your migrations will always be one of happiness and growth.

See you soon.

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