VESTIDA SIN MARCA / DRESSED WITHOUT BRAND

Hola a todos.

Se han preguntado ¿por qué escogen vestir una marca y no otra? ¿por confort? ¿diseño? ¿precio? ¿status?

Lo primero que debo decir es que la elegancia va de la mano de la calidad de lo que vistes y no de su precio. A todos nos ha pasado que compramos algo muy costoso de marca reconocida que se ve barato (no en el sentido del costo sino del estilo) o simplemente no nos queda. Así como también hemos encontrado tesoros por poco dinero que duran mucho tiempo en nuestro armario.

Actualmente, la moda y el pensamiento colectivo ha evolucionado más allá del nombre del diseñador o la marca, invitándonos a comprar el producto por su calidad y diseño, promocionando el talento local que aprecia nuestro apoyo, y que muchas veces se convierte en exclusivo por las pocas cantidades que producen de una prenda.

Lo ideal es tener en el closet prendas que nos representen y nos queden bien dentro de lo que nuestro estilo de vida nos permita. Es claro que no sería congruente comprar marcas de lujo si debes empeñar tu salario para hacerlo y comprar imitaciones es tan poco conveniente, que lo trataremos en otro post. Pero si puedes permitírtelo, está bien.

Lo importante es que cuando decidas comprar una marca reconocida y/o costosa, lo hagas porque te gusta, quieres y puedes, no por demostrar alguien que no eres que vive como no puedes.

Cuando escogí el atuendo que visto en estas fotos noté que ninguna de las prendas tiene marca, pero su calidad, textura y color me llevaron a comprarlas. Además, fueron elaboradas por compañías incipientes que quieren abrirse camino en este vasto mundo de la moda y eso me hace sentir que aporto en algo a su crecimiento.

Es sorprendente el mundo de posibilidades que puedes encontrar si compras prendas porque te enamoras de ellas y no por una etiqueta. Y piensa, si miles de personas compran las mismas marcas ¿por qué no salirse del molde? Si los seres humanos somos únicos e irrepetibles, ¡que lo sea también nuestra ropa!
Gracias por leer y nos vemos pronto.

***

Hello everyone.

Have you asked yourselves ¿why you choose to wear one brand and not another? ¿for comfort? ¿design? ¿price? ¿status?

The first thing I must say is that elegance depends of the quality of what you wear and not its price. It has happened to all of us, that we buy something very expensive from a recognized brand that looks cheap (not in the sense of cost but rather in style) or simply does not fit to us. As well as we have found treasures for less money that last a long time in our closet.

Currently, fashion and collective thinking has evolved beyond the name of the designer or brand, inviting us to buy the product for its quality and design, promoting the local talent that appreciates our support, and that often becomes exclusive by the few quantities that they produce.

The ideal is to have clothes that represent us and fit us well within what our lifestyle allows us. It is clear that it would not be congruent to buy luxury brands if you must pawn your salary to do so, and buy imitations is so inconvenient, that we will talk about it in another post. But if you can afford it, it is fine. The important thing is that when you decide to buy a recognized and/or expensive brand, do it because you like it, you want it and you can do it, not to prove something unreal about you.

When I chose this outfit, I noticed that none of the items have a brand, but their quality, texture and color led me to buy them. In addition, they were developed by incipient companies that want to make their own way in this vast world of fashion, and that makes me feel that I contribute something to their growth.

It is surprising the world of possibilities that you can find, if you buy clothes because you fall in love with them and not by a label. In addition, if thousands of people buy the same brands, we should get out of the uniform. If human beings are unique and unrepeatable, ¡so is our clothes should be!

Thanks for reading and see you soon. 😊

EL REGRESO DEL TRAJE SASTRE / THE RETURN OF THE POWER SUIT.

Mantenerse elegante dentro o fuera de la oficina nunca ha sido tan fácil, sobre todo en estos tiempos con el regreso de los trajes sastre, que fueron tendencia en la década de 1980, la cual estuvo marcada por un boom económico cuando las mujeres comenzaron a tener más poder en el lugar de trabajo.

Desde que a principios de este año empezaron a aparecer en la Semana de la Moda de Nueva York gracias a las colecciones de Marc Jacobs y Alexander Wang, se han convertido en una reafirmación del empoderamiento de las mujeres.

El traje sastre o power suit ha resurgido, además, durante un momento cultural importante donde las mujeres a nivel mundial iniciaron movimientos contra el acoso y ataque sexual con las campañas #MeToo y #TimesUp. Siendo evidente que los diseñadores manifiestan en sus creaciones los momentos culturales que se viven, y esto impacta en cómo las mujeres eligen vestirse. Tal como lo expresó Anna Wintour (Editora de Vogue): “Un desfile de modas no existe en el vacío, está reflejando nuestra cultura”, y de este modo, “hay dos tendencias que existen una al lado de la otra: el traje y cómo se interpreta el traje.”

El regreso del traje sastre también es económicamente significativo. Históricamente, su apariencia se ha asociado con tiempos económicos en auge, como las décadas de 1940 y 1980, que fueron consideradas economías de gasto. Pero no de gasto frívolo y fugaz, como la adquisición de moda rápida, sino de gasto en moda permanente ya que el traje sastre se considera una inversión, no un artículo desechable.

Esta es una pieza que toda mujer debería tener, encontrando la que se adecúe a su estilo y atreverse a usarla en todas las combinaciones permitidas: con zapatillas deportivas o tacones, camisetas o camisas, y siempre con accesorios muy femeninos para romper el look viril intrínseco en la prenda.

Espero no haberlos aburrido con la lección de historia y nos veremos la próxima semana.

***

Staying elegant inside or outside the office has never been so easy, especially in these times with the return of the power suits, which were trend in the 80´s, which was marked by an economic boom when women began to have more power in their jobs.

Since they began appearing at New York Fashion Week earlier this year, thanks to the collections of Marc Jacobs and Alexander Wang, they have become a statement of women’s empowerment.

The power suit has resurged, in addition, during an important cultural moment where women worldwide began movements against harassment and sexual assault with the #MeToo and #TimesUp campaigns. It is evident that the designers manifest in their creations the cultural moments that are lived, and this impacts on how women choose to dress. As Anna Wintour (Editor of Vogue) said: “A fashion show does not exist in a lonely space, it is reflecting our culture”, and in this way, “there are two tendencies that exist side by side: the suit and how the suit will be interpreted. ”

The return of the power suit is also economically significant. Historically, its appearance has been associated with booming economic times, such as the 1940s and 1980s, which were considered spending economies. But not frivolous and fleeting spending, such as the acquisition of fast fashion, but spending on permanent fashion since the tailor suit is considered an investment, not a disposable item.

This is a piece that every woman should have, finding the one that fits her style and dare to use it in all the allowed combinations: with sneakers or heels, T-shirts, and always with very feminine accessories to break the intrinsic virile characteristic, in the outfit.

I hope I have not boring you with the history lesson and we will see you next week.

NO ES MI PRESIDENTE / NOT MY PRESIDENT

Hola a todos.

El día de hoy en Colombia estrenamos presidente (para usar un término amigable de renovación de ropero). Es un hombre joven y eso me da la esperanza que traiga ideas frescas y de vanguardia, siendo una bocanada de aire fresco después de ocho años del gobierno anterior.

A pesar de que escriba sobre el tema, me considero medio apolítica, en el sentido que reconozco la imposibilidad de sustraerme de las acciones o efectos derivados de las actividades políticas de terceros, procedan éstas de individuos, grupos o entidades. Sin embargo, en cada contienda electoral doy mi voto, porque considero que la abstención (una característica de los a-políticos) no permite luego opinar sobre lo que no se ha decidido.

Creo que lo que padezco es más un ateísmo político, por no creer en la mayoría de las instituciones, las personas y sus discursos. Es un poco contradictorio porque soy incrédula, pero guardo la esperanza de ser parte del cambio.

Este no es mi presidente. No lo elegí y no me representa. Pero a diferencia de la cultura de odio que se siembra durante los periodos de transición, le deseo sabiduría para darle un rumbo exitoso a nuestra nación en beneficio de todos.

Nuevamente la moda sirve como expresión de lo que pensamos y sentimos. A veces puede ser sutil, como un color o un símbolo; o literal como el mensaje en mi camiseta: “No es mi presidente” pero lo apoyaré en lo que considere positivo; porque no se trata de luchar en su contra por cuatro años, se trata de ser crítico en lo que corresponda, y acompañar en lo que contribuya a que tengamos un país mejor.

Gracias por leer, y nos vemos la próxima semana.

***

Hello everyone.

Today in Colombia, we attended the first day of a new president. He is a young man and that gives me the hope that he brings fresh and cutting-edge ideas, being a breath of fresh air after eight years of the previous government.

Although I write about the subject, I consider myself a little apolitical, in the sense that I recognize the impossibility of subtracting myself from the actions or effects from the political activities of third parties, whether from individuals, groups or entities. However, I always give my vote, because I believe that abstention (a characteristic of the a-politicians) does not allow to give opinion on what has not been decided.

I think what I suffer is more a political atheism, for not believing in most institutions, people and their speeches. It is a bit contradictory because I am incredulous, but I keep hoping to be part of the change.

This is not my president. I did not choose it and it does not represent me. But unlike the culture of hatred that is sown during periods of transition, I wish him wisdom to give a successful course to our nation for the benefit of all.

Again, fashion serves as an expression of what we think and feel. Sometimes it can be subtle, like a color or a symbol; or literal like the message on my t-shirt: “Not my president” but I will support him in what I consider positive; because it is not about fighting against him for four years, it is about being critical in what corresponds, and accompanying what contributes to our having a better country.

Thanks for reading and see you next