EN UNA BODA LLENA DE AMOR / IN A WEDDING FULL OF LOVE.

Hola a todos.

Por lo general nos invitan a una o dos bodas al año, aunque pueden ser más dependiendo del tamaño de la familia, la cantidad de amigos y la alineación planetaria, porque parece que el volumen de casamientos aumenta en algunos años con respecto a otros.

Es una invitación que recibo con alegría, porque amo el evento como tal, los detalles de la recepción y la iglesia creados con tanto amor, el vestido de la novia y últimamente, la temática. Atrás quedaron las bodas cuya tarjeta rezaba traje largo o de coctel, se celebraba en la noche y todos sabíamos que hacer.

Ahora, con la flexibilidad del protocolo prácticamente la pareja puede solicitar el código de vestuario que desee: Desde la guayabera tradicional en la costa, hasta un traje cubano; desde el smoking incluso de día, hasta el “total blanco”. Y aunque las fotos quedan muy lindas, no hay que negar que muchas veces ponen en aprieto a los invitados para cumplir con el “dress code”.

Esta semana fuimos invitados a un matrimonio en la tarde, donde la original decoración recordaba los viajes que ha hecho la pareja, con mesas marcadas con fotos juntos y felices, flores y velas por doquier. El libro de asistentes se formaba con las huellas de todos formando hojas de un árbol en un lienzo. Y para el brindis regaron y abonaron una planta como un recordatorio que “el amor es una flor que debe regarse cada día”. Y así cada rincón estaba lleno de una simbología propia de su relación y de los años que llevan juntos.

En aras de acogerme al protocolo de la invitación, escogí este vestido con largo a media pierna para estar acorde con la hora de la celebración y con muchas flores coloridas como el ambiente rústico. La mejor elección fueron los zapatos, porque el tacón cuadrado y de mediana altura se adapta a los caminos empedrados o al pasto, a la vez son cómodos para bailar hasta el final de la fiesta. Y como no hay que esperar que anochezca para lucir el dorado, me arriesgué a llevarlos como complemento de los accesorios.

Finalmente, como la ceremonia se llevaría a cabo en la sabana donde las temperaturas suelen bajar pasada la tarde, era apropiado llevar un abrigo o un chal. Al principio sentí que este amarillo mostaza no combinaba, pero al final me encantó lucirlo mientras estuvimos en el exterior del salón. Mi novio cumplió a rajatabla el protocolo de vestir corbatín con tirantes, y creo que la mayoría de los invitados se ajustó mucho a lo solicitado.

Entiendo que a veces es un poco engorroso darles gusto a los novios porque nos cuesta tiempo y dinero, pero piensen que ellos tienen un estilo de celebración definido, y siempre creo que es mejor tratar de cumplir sus peticiones que sentirnos incómodos porque somos los únicos por fuera de la uniformidad.

Gracias por leer y nos veremos la próxima semana.

***

Hello everyone.

Usually we are invited to one or two weddings a year, although they can be more depending on the size of the family, the number of friends and the planetary alignment, because it seems that the volume of marriages increases in some years respect to others.

It is an invitation that I receive with joy, because I love the details of the reception and the church created with so much love, the dress of the bride and lately, the theme. Behind are the weddings whose invitation card said long suit or cocktail, and we all knew what to do.

Now, with the flexibility of the protocol practically the couple can request the dress code they want: From the traditional guayabera on the coast, to a Cuban suit; from tuxedo even during the day, to the “total white”. Although the photos will be beautiful, there is no denying that many times is hard for the guests to comply with the “dress code”.

Last weekend we attend to a marriage in the afternoon, where the original decoration recalled the trips that the couple has made, with tables marked with photos together and happy, flowers and candles everywhere. The book of attendees was made with our fingerprints forming leaves of a tree on a canvas. And for the toast, they watered a plant as a reminder that “love is a flower that should be watered every day”. Each corner was full of a symbolism of their relationship and the years they have spent together.

I chose this midi dress in order to be in line with the time of the celebration and with many colorful flowers like the rustic atmosphere. The best choice was the shoes, because the square and medium height heel adapts to the cobblestone paths or the grass, at the same time they are comfortable to dance until the end of the party. In addition, since we do not have to wait until dark to wear gold, I risked using them as a complement to the accessories.

Finally, as the ceremony would take place in a countryside where the temperatures tend to drop after the afternoon, it was appropriate to wear a coat or a shawl. At first, I felt that this one in mustard did not match with the outfit, but in the end, I loved showing it while we were outside the room. My boyfriend strictly complied with the protocol of wearing a bowtie with suspenders, and I think that most of the guests adjusted very much to the protocol.

I understand that sometimes it is a bit cumbersome to wear the kind of clothes that the couple want because it costs us time and money, but they have a defined celebration style, and I always think it is better to try to fulfill their requests than feel uncomfortable because we are the only ones out of uniformity.

Thanks for reading and we will see you next week.

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